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IV. LA FEDERACIÓN ANARQUISTA IBÉRICA (FAI) 1927

El 27 de julio de 1927, en pleno verano, una veintena de delegados de federaciones locales y regionales y de grupos de exiliados españoles y portugueses se reunieron en la casa de Aurora López de Patraix, un barrio de Valencia.

Esa asamblea fue la conferencia fundacional de lo que llegaría a ser la organización anarquista más difamada de la historia, la Federación Anarquista Ibérica, más conocida por sus iniciales, FAI.

La Conferencia de Valencia duró dos días. Para garantizar la seguridad se celebró en dos emplazamientos distintos. La segunda sesión tuvo lugar al amparo de un picnic en un bosque de pinos que bordeaba una playa del sur de la ciudad, en la zona conocida como el Grao de Valencia.[1]

Progreso Fernández, un anarquista valenciano que hasta hacía poco había vivido en Francia fue uno de los organizadores de la conferencia fundacional:

A principios de 1927 bajé a Valencia para establecer contactos por toda la región; accedí a hacerlo con la condición de que me dieran un empleo... Empecé yendo a Burriana, Puerto de Sagunto, Liria, Játiva, Sueca, Villena, Elda, Alicante, Murcia... Me reuní con gente que había estado en la CNT y que simpatizaba con el anarquismo.[2]

Puesto que también había anarquistas en Portugal, se decidió dar (al nuevo organismo) un carácter más amplio. De ahí el nombre. Se mandaron invitaciones a la CGT portuguesa y a la CNT, pero sólo acudieron representantes de la federaciones regionales catalana y del Levante de la CNT.

Desde hacía tiempo, la mayoría de los grupos organizados de la península pedían una organización peninsular que estableciera lazos estrechos entre los grupos regionales y de exiliados españoles y los portugueses. La Unión Anarquista Portuguesa (UAP), fundada en Alanquer en 1923, desempeñó un papel destacado en los preparativos de la fundación de la FAI. En mayo de 1926, el periódico de la Unión Anarquista Portuguesa, O Anarquista, publicó una propuesta de orden del día para un congreso anarquista que debería celebrarse el 1 de julio en Marsella. Entre los puntos de la orden del día estaba la entrada «Federación Anarquista Ibérica» (FAI).[3]

Dos meses más tarde, en julio de 1926, la Federación de Grupos Anarquistas Hispanohablantes, formada en Lyon el año anterior, convocó lo que resultaría ser un importante congreso anarquista en Marsella. Sólo los grupos hispanohablantes mandaron a treinta delegados de todos los rincones de la península y del exilio. Entre las principales cuestiones de la orden del día estaban los problemas del anarquismo internacional y los específicos de los grupos anarquistas del exilio.

Un tema destacado de la agenda era la postura del movimiento anarquista español con relación a la CNT. Hay mucha confusión respecto a lo que en realidad se acordó en ese sentido; hay quien cree que se acordó intervenir directamente en la CNT, una decisión que otros insisten en que no se tomó.

Lo que es cierto es que los delegados concluyeron que debería formarse lo antes posible una Federación Anarquista Ibérica y que propusieron la creación de un Comité de Relaciones para ese propósito en Lisboa. A dicho comité se le encomendó la tarea de convocar un congreso ibérico para dar «forma definitiva» a la federación propuesta.

Puede que el debate fundamental del Congreso de Marsella girase en torno a la cuestión de precipitar la caída del régimen de Primo de Rivera. Emergieron dos principales tendencias totalmente enfrentadas. Una liderada por García Oliver que defendía la colaboración estrecha con todos los otros grupos –partidos políticos y disidentes del ejército– que quisieran combatir la dictadura, con independencia de sus creencias políticas (Oliver y el Comité Revolucionario Nacional colaboraban en esa época con el partido Esquerra Catalana de Francesc Macià). El otro grupo, capitaneado por Manuel Pérez, se oponía a la colaboración argumentando que iba en contra del ideal anarquista. Aunque el segundo grupo se impuso en el Congreso de Marsella, eso no alteró el grado de colaboración entre los anarquistas, la CNT y los partidos enemigos de la dictadura, que perduró hasta la llegada de la República en 1931.

El 3 de enero de 1927 en Lisboa, un congreso de la UAP exigió que los acuerdos del Congreso de Marsella con relación a la fundación de la FAI se aplicasen lo más pronto posible. Para los portugueses, el carácter revolucionario de la organización propuesta nunca estuvo en duda. El tercer punto de la agenda describía una de las principales tareas de la FAI. «la revolución española y la ayuda que los portugueses, además de otros pueblos, podrían darle».[4]

La velocidad a la que la organización peninsular se constituyó indica que evidentemente era una prioridad para los militantes anarquistas. Eso pudo deberse a la decisión de la dictadura en noviembre de 1926 de montar comités de arbitraje con la esperanza de establecer una sociedad corporativa «armoniosa». La función de los comités paritarios era negociar los salarios y las condiciones laborales, y cuando el ministro de trabajo de Primo de Rivera invitó a la socialista UGT a colaborar en el plan, esta organización no dejó escapar la oportunidad «alegando que se obtendrían beneficios materiales inmediatos».[5] La respuesta de Pestaña fue pedir la legalización de la CNT para poder competir con la UGT. Otros miembros de la reorganizada y reestructurada CNT, los del Comité Nacional de la CNT de Mataró de orientación sindicalista, y el Comité Revolucionario Nacional de orientación anarquista, se opusieron firmemente a esa propuesta, provocando disensiones aún más graves entre las bases del sindicato y agrandando la distancia entre sindicalistas y anarquistas.

El 20 de marzo de 1925, al cabo de dos meses de la reunión de Lisboa y de la petición de legalización de Pestaña, un plenario regional de la Federación de Grupos Anarquistas de Cataluña preparó la agenda de la primera conferencia de la FAI. Valencia y el mes de junio fueron el emplazamiento y la fecha elegidos para el acontecimiento. El gran número de turistas que visitaba la ciudad en junio servirían de tapadera para la propuesta reunión clandestina. Se constituyó una Secretaría Nacional provisional para organizar la conferencia fundacional y convocar a todos los grupos interesados. El Comité de Relaciones Anarquistas de Cataluña promulgó un manifiesto. Era lo más próximo a una declaración de los objetivos y principios de la propuesta FAI:

La Federación de Grupos Anarquista de España– a todos:

¿Quiénes somos? Somos los eternos anarquistas. Los eternos rivales del orden burgués y capitalista de ahora y siempre. Los enemigos de la propiedad, la explotación, las leyes, las religiones, el militarismo, la estupidez humana y la injusticia social.

Somos los que siempre parece que estemos tras cada acontecimiento grave y crucial.

Han intentado implicarnos en los delitos más viles, en los crímenes más repugnantes. No negaremos que algunos miserables se han hecho llamar anarquistas, después de perpetrar sus execrables delitos. No obstante, el anarquismo no quiere saber nada de robos ni de asesinatos sistemáticos.

Aunque aceptamos la violencia como una necesidad revolucionaria y justificamos el tiranicidio cuando se trata de una expropiación espontánea, excepcional y ocasional siempre y cuando el individuo ha agotado todos los medios legales existentes y se encuentra frente a la ineludible necesidad de garantizar su derecho a la vida, eso no justifica el robo condenado por la sociedad contemporánea, ni la violencia empleada como un arma en la lucha individual, y mucho menos como instrumento de propaganda.

¿Qué queremos? Lo hemos dicho más de mil veces. Aspiramos al establecimiento de una nueva sociedad en que todos sus miembros puedan tener sus necesidades materiales, morales e intelectuales completamente cubiertas. ‘A cada cual según sus necesidades, de cada cual según su fuerza y sus posibilidades’. Queremos que en esa sociedad no haya jefes, ni gobierno, ni coacción de ningún tipo. Ni esclavos, ni víctimas de sus compañeros. Una sociedad libre de hombres libres.

También progreso ilimitado y perfección infinita, junto a un bienestar cada vez mayor.

Buscamos la emancipación de hombres y mujeres, de ambos sexos, de todas las razas. Buscamos la emancipación completa en el contexto de una sociedad radicalmente transformada.

Nuestra situación actual: Si deseando todo eso, esperáramos su llegada mediante la mejora de la maquinaria social, seríamos ingenuos.

Diariamente propagamos nuestros ideales e intentamos inculcarlos a individuos y grupos. Diariamente luchamos por ser más anarquistas y acercarnos un poco más al anarquismo, que a su vez está llenando imperceptiblemente nuevos horizontes.

No queremos quedarnos al margen de ningún acontecimiento que pueda contribuir al avance del progreso, pero nuestro compromiso jamás nos permitirá perder de vista nuestra meta y nuestros principios. Nuestra contribución con el avance del movimiento no tiene el propósito de favorecer a algunos a costa de otros, sino de impulsar a la sociedad en la dirección de nuestros puntos de vista. No rechazamos de entrada nuevas formas políticas y sociales que pueden aligerar nuestra pesada y trágica carga, pero nunca renunciaremos a nuestras opiniones.

El comunismo, el Estado, la política y nosotros: Somos apolíticos y antiestatistas, y cuando decimos apolíticos queremos decir que estamos en contra de todos los políticos, ya se llamen marxistas, socialistas o comunistas. Estamos en contra del Estado, ya sea aristócrata, burgués o ‘proletario’. Estamos en contra de toda la violencia organizada.

Estamos completamente seguros de que los Estados sólo tienen una misión: preservar las injusticias y los privilegios. Si se aboliese eso, ¿de qué serviría el Estado?

¿Organización? ¿Dirección? Muy bien. Pero no de arriba abajo. De abajo a arriba. Y que sean los colectivos los que desempeñen todo el poder de organizar, nombrar y despedir.

El sindicalismo y nosotros: Nos resulta atractivo el sindicalismo revolucionario afiliado a la AIT de Berlín. Como trabajadores, casi todos estamos activos en las bases de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Pero nuestra misión no se limita a ser sindicalistas activos. Somos hombres y algunos no estamos sometidos al yugo de la explotación burguesa. En consecuencia, no basta con estar activo en el seno del sindicato. Nuestra misión tiene un alcance más significativo. Al margen de los sindicatos, absolutamente independientes, propagamos nuestras teorías, formamos nuestros grupos, organizamos concentraciones, publicamos escritos anarquistas y sembramos la semilla del anarquismo en todas las direcciones.

Buscamos la emancipación total de todos los seres humanos sin distinciones de ningún tipo, ni siquiera de clase. Nuestra lucha es más amplia, más global. Hay sitio entre nosotros para todos aquellos que aspiren a una sociedad sin gobierno, con independencia de su concepción de cómo debería organizarse la sociedad post-revolucionaria (comunista o individualista). En las revoluciones futuras, queremos, a ser posible, evitar lo que pasó en Rusia. Lo que siempre ha pasado. Cuando los anarquistas promovemos e inspiramos la revolución, casi siempre actuamos de acuerdo con las directrices marcadas: pero cuando la actividad anarquista disminuye, la revolución se desvía de su rumbo y los anarquistas –como en Rusia– son las víctimas favoritas de los inevitables explotadores de las revoluciones.

Conclusiones: Es, por lo tanto, necesario y urgente que nos organicemos en agrupaciones anarquistas para propagar la revolución anarquista.

Hemos hablado de la inminente revolución. No tenemos ninguna duda de que la revolución social se acerca a pasos agigantados. El gangrenoso y viejo politiqueo está acorralado, desorientado y completamente vencido, pero no a los ojos de los que ahora están en el gobierno. Tenemos que asegurarnos de que no se recupera.

«Los hombres del 13 de septiembre, los que tenían que haber curado los males de la nación en noventa días, la han destruido por completo. Entre bastidores, Maura y el gobierno reaccionario. El Directorio sólo es una tapadera del maurismo y del politiqueo más degenerado y corrupto. Aunque sea por instinto de supervivencia, el país debe apartar a esa gente del poder.

Nunca habríamos imaginado que a los principales autores del golpe de Estado los mueve la buena fe y que no están henchidos de orgullo y ambición. Pero incluso aunque ese fuera el caso, no pueden solucionar nada. Menos aún que los políticos.

Por consiguiente, la revolución se acerca. Luchemos los anarquistas por encajar bien en ella e impulsarla lo más lejos posible.

Salud y revolución

El Comité de Relaciones Anarquistas

El Comité de Relaciones Anarquistas de Cataluña.[6]6

[1] Se ha hablado de varios emplazamientos para la segunda sesión. Peirats la sitúa en la playa del Cabañal (Los anarquistas y la crisis política española, p. 276); Tomás Cano Ruiz cita la Malvarrosa (Confederación, 8-8-1937, p. 1); José Llop afirma que fue en Tremolar (El movimiento libertario español, París, 1974, p. 289); Progreso Fernández menciona El Saler. Todas esas playas están en las proximidades del Grao de Valencia.

[2] Entrevista a Progreso Fernández: «Anarquismo en el mundo», Bicicleta, núm. 11, Barcelona, 1977.

[3] Edgar Rodrigues: A resistencia anarco-sindicalista a dittadura: Portugal 1922-1939, 1981, p. 238.

[4] Ibíd, p. 242.

[5] Paul Preston: The Coming of the Spanish Civil War, Londres, 1978, p. 9.

[6] José Llop: El movimiento..., op. cit., p. 295.

V. OBJETIVOS FUNDACIONALES

La raison d’être de la reunión era agrupar formalmente en una asociación peninsular a los grupos de afinidad anarquista de las tres organizaciones originales, a los exiliados y a los grupos anarquistas dispersos de la península Ibérica –la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de España, la Federación de Grupos Anarquistas Hispanohablantes de Francia y la Unión Anarquista Portuguesa; y propagar las ideas anarquistas entre la gente. Pero lo más importante de todo para la mayoría de los asistentes era la necesidad de promover la visión de la sociedad del comunismo libertario a través de la CNT, el organismo original al que la mayoría de los presentes en la reunión pertenecían, y defender sus principios de acción directa y antipolíticos de la amenaza reformista planteada por líderes del sindicato como Pestaña.

Aunque no hay ninguna referencia directa en las actas de la Conferencia de Valencia, las prisas con que se fundó la FAI, en poco más de un año a partir de las discusiones iniciales, reflejan la inquietud con que los activistas de la CNT que fundaron la FAI veían las declaraciones realizadas en público y en privado, y en definitiva, las intenciones de los reformistas, particularmente las del Comité Regional Catalán de la CNT. En enero del año anterior, veintidós conocidos dirigentes de la CNT catalana, liderados por Ángel Pestaña, publicaron un comunicado en el periódico Vida Sindical en que pedían la legalización y reorganización de la CNT.

La tesis de que la FAI fue una conspiración de la elite anarquista para dominar y controlar a la CNT, tal como algunos historiadores han sugerido, no se sostiene.[1] La cronología de los sucesos previos a julio de 1927 indican, en cambio, que la FAI se desarrolló como respuesta directa de los militantes de base a las maniobras de la directiva nacional de la CNT para tumbar los objetivos revolucionarios y la constitución de la CNT, aprobados en el congreso nacional de 1919 y ratificados en el Congreso de Zaragoza de 1922. Los militantes de la CNT que crearon la FAI en 1927, no tenían la necesidad de «introducirse» ni de hacerse con el poder del todavía clandestino y disperso sindicato; eran el alma de la Confederación.[2] Fueron sus ideas las que predominaban en la mayoría de los cuadros confederales, si no en todos, que habían preservado a la organización durante los años de clandestinidad. Su único objetivo con relación a la Confederación era evitar que la secuestrara ningún partido político, ni agrupación corporativista, socialista o comunista, y la convirtieran en un sindicato meramente económico comprometido con el trabajo en el marco de los parámetros legalmente definidos y fijados por el estado y el capitalismo.

La acusación de que la FAI se había montado para «reunir a un núcleo de ardientes y resueltos revolucionarios que inspirarían y controlarían a todo el movimiento», fue calificada de totalmente falsa por el miembro fundador Progreso Fernández, que opinaba que nunca hubo peligro de que la CNT cayese en la trampa del revisionismo.[3]

El único problema era que se intentaba legalizar a la CNT para competir con la UGT, –y añadía–, tampoco se puede decir que la FAI se crease para preservar la pureza ideológica de la CNT. Por supuesto, es posible que en determinadas regiones como Cataluña, el papel de la FAI fuera concebido así, pero no fue el caso de Valencia.[4]

A pesar de que Fernández afirmara lo contrario, parece ser que hay po cas dudas de que la FAI confiaba en poder revitalizar a la CNT, una estrategia que implicaba combatir el reformismo.

Otro indicador de que la FAI no se fundó para crear una organización homogénea y cohesionada que controlase a la CNT, ni siquiera a sus propios afiliados, se refleja en el hecho de que lo más cercano a una declaración pública de objetivos y principios fue el manifiesto «A todos» publicado por el Comité de Relaciones Anarquistas antes de su fundación formal. La coordinación de la oposición a la dictadura y la creación de un foco de difusión de propaganda anarquista eran cuestiones que obviamente había que discutir, pero los diferentes grupos de cada región tenían libertad para luchar por sus prioridades del modo que considerasen más adecuado a sus capacidades.

En opinión de Progreso Fernández, los objetivos de la FAI eran:

Combatir la dictadura, siempre que fuera posible. Sin perder de vista el futuro inmediato y lejano, usar la propaganda para propagar el anarquismo –a través de los periódicos y de las escuelas racionalistas. Defendimos un movimiento sindical de inclinaciones anarquistas, lo que ahora se conoce como anarcosindicalismo. Pensábamos que el colaboracionismo de clase había fracasado: lo que debíamos hacer era trabajar por la unidad anarquista.[5]

Las actas de la Conferencia de Valencia muestran con claridad que la principal preocupación de la mayoría de los delegados era garantizar que los principios libertarios fijados en el Congreso de Saint Imier en 1872 predominaban como referentes del sindicalismo español. Esa visión del papel de los sindicatos estaba totalmente reñida con el concepto gradualista de mejorar los valores de la clase obrera y las condiciones laborales mediante la armonía de las clases sociales:

Habiendo comprendido que la armonía entre las clases es imposible, y que el sindicalismo, al buscarla, ha fracasado, debemos procurar la unidad anarquista. La organización sindical no sólo ha de beneficiar a la clase obrera, debe trabajar por su emancipación. Puesto que eso sólo es posible en la acracia, debería hacerse mediante el anarquismo. La organización de la clase obrera debería volver a lo que era antes de la disolución de la FRE.[6]

Gran parte de la primera sesión de la Conferencia de Valencia consistió en determinar qué grupos reunían los requisitos para afiliarse a la FAI. ¿Podrían afiliarse, por ejemplo, grupos de intereses especiales como los naturistas, los vegetarianos, los esperantistas, etc.? El consenso fue que lo único que podía exigirse a cualquier grupo que desease entrar en la FAI era el compromiso de buscar la unidad de acción con los otros grupos en la lucha por la liberación social.

En cuanto al papel de los anarquistas en su simbiótica relación con la CNT, los delegados acordaron por unanimidad la necesidad de revitalizar al sindicato, paralizado como organismo nacional en 1924 por una decisión algo arbitraria del Comité Nacional, y de ratificar al anarquismo como fuente de inspiración y organización de la Confederación.

Según José Llop, uno de los delegados de la Federación Nacional de Grupos Anarquistas de España en la reunión de Valencia, la única función de la FAI, al menos para él, era garantizar la presencia anarquista en los sindicatos.

En la conferencia, los grupos se organizaron de modo que los problemas sindicales se abordaron fusionando los diferentes puntos de vista de los anarquistas que también eran miembros de la organización sindical, de las cooperativas, etc. La cuestión sindical predominaba en las actividades de los grupos. Es decir, que el grupo se formó con el único propósito de estar activo en las filas sindicalistas.[7]

¿Cómo habían de garantizar los anarquistas el contenido anarquista de la CNT si era una organización autónoma y soberana? Los delegados de la FAI, definidos por Progreso Fernández como «militantes de la CNT de la clase obrera», que habían preservado el sindicato durante sus años de clandestinidad, resolvieron el peliagudo problema de cómo esquivar a los reformistas, o potencialmente reformistas, comités nacionales y regionales, y a la vez garantizar la autonomía de ambos organismos. La solución fue la creación de un lazo orgánico, o «ensamblaje» mediante comités conjuntos de la CNT y FAI de Ayuda y Defensa de los Presos a nivel de federación local. Esos comités locales habían de dar a los militantes anarquistas voz e influencia en la Confederación, en los ámbitos revolucionarios de la solidaridad y la acción directa.

Esa relación especial entre los específicamente anarquistas y las organizaciones sindicales fue conocida como la trabazón. Su objetivo era defender el compromiso de la CNT con la solidaridad y la acción directa, protegiendo así al sindicato de la manipulación por parte del comunismo de Estado y de las influencias colaboracionistas. Eso daría lugar a mucha polémica y malestar entre los reformistas y gradualistas de la CNT.

[1] Broué y Temime: The Revolution and the Civil War in Spain, Londres, 1971, p. 57; James Joll: The Anarchists, Londres, 1979, p. 245; Frank Jellinek: The Civil War in Spain, Londres, 1938, pp. 92-93; Gabriel Jackson: The Spanish Republic and the Civil War 19311939; Princeton, 1965, p. 20; Raymond Carr: The Spanish Tragedy, Londres, 1977, p. 15; George Woodcock: Anarchism, Londres. 1963, p. 358; Franz Borkenau: The Spanish Cockpit, Londres, 1937, p. 37; Hugh Thomas: The Spanish Civil War, Londres, 1977, p. 68; Arthur H. Landis: Spain, The Unfinished Revolution, Nueva York, 1972, p. 26; Gerald Brenan: The Spanish Labyrinth, Cambridge, 1976, p. 184; César M. Lorenzo: Les Anarchistes Espagnoles et le Pouvoir, París, 1969, pp. 66-68; Felix Morrow: Revolution and Counter-Revolution in Spain, Nueva York, 1974, p. 100.

[2] Brenan, op. cit., p. 184.

[3] Joll, op. cit., p. 245.

[4] Ronald Fraser: Blood of Spain, Londres, 1979, p. 548.

[5] Progreso Fernández: «Anarquismo en el mundo», Bicicleta, núm. 11, Barcelona, 1977.

[6] José Llop: El movimiento libertario español, París, 1974, p. 287.

[7] Ibíd., p. 290.

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