Читать книгу: «Activismos tecnopolíticos», страница 2

Шрифт:

En la era de lo hipermedial, cuando las plataformas de redes sociales nos incitan a revelar “qué está pasando”, la performance se “convierte en sí misma” al reverberar a través de plataformas conectadas, materializando modalidades compuestas (humanx-máquina) del “en vivo”.11 En cuanto encuentro al parecer no mediado que conlleva la promesa de transformar tanto a actores como a espectadorxs, la performance es ahora promovida y potenciada por redes interactivas de comunicación. Las nuevas tecnologías y las nuevas tácticas activistas actualizan y revitalizan el compromiso de la performance con el presente y con los horizontes utópicos, transformando el statu quo al comportarse de manera alternativa. Mirar, comentar, compartir, asistir, documentar, reproducir, reciclar, conectar: las constelaciones de performance de interactividad mediada le agregan una vuelta de tuerca a la política de la performance como reproducción tanto efímera como referencial con base en el cuerpo.12

¿Por qué es importante esto? ¿Qué ganamos con poner en el centro a la performance y las redes digitales como componentes cruciales de los activismos contemporáneos? Es fundamental reconocer que la performance no es una mera herramienta para llamar la atención y generar respuestas afectivas al interior de la sociedad del espectáculo; la performance también pone en marcha los pasos preliminares hacia la transformación política y social en un momento de poder concentrado y democracias severamente comprometidas.13 Por eso, necesitamos entender cómo activistas y artistas configuran la base desde la cual generar transformaciones sociales: los sitios, el ritmo, los afectos y las formas de lo colectivo que pueden albergar no solo ideas, sino también hacer que la gente genere el cambio.14

Tomemos por ejemplo el caso ya mencionado de Ayotzinapa. Desde que se dio a conocer en septiembre de 2014 la noticia sobre la desaparición forzada de cuarenta y tres estudiantes de una escuela normal rural ubicada en el estado de Guerrero, en el sur de México, lxs manifestantes tomaron las calles y activaron las redes sociales en repudio al gobierno mexicano, que había calificado el acontecimiento como un caso más de violencia narco. Una de las declaraciones más difundidas en internet –“Quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semillas”– ejemplifica el rol de los tuits, memes y hashtags en la generación y el desarrollo de las comunidades empoderadas. En un momento en que las autoridades gubernamentales recurrieron a la figura de la desaparición para dar por terminado el caso de Ayotzinapa, y mientras se encontraban fosas comunes a diario, lxs manifestantes mexicanxs hicieron circular con insistencia la frase “Quisieron enterrarnos” como un lema performativo que les ayudaba a materializar y alimentar el movimiento insurgente. Mediante las movilizaciones en las redes y en la calle, como durante el #YoSoy132 de 2012, lxs activistas y manifestantes denunciaron las estrategias de desmovilización del gobierno y transformaron el miedo y la alienación en determinación colectiva para trabajar por la transformación social.15

La movilización social desencadenada por la desaparición de los estudiantes trajo ecos de la rebelión neozapatista, iniciada en 1994 en contra de la implementación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA por sus siglas en inglés) con el reclamo de “¡Ya basta!”. En 2014, veinte años más tarde, el germen de las imágenes usadas en la movilización desatada a partir del caso de Ayotzinapa capturó la determinación creciente del pueblo mexicano de ponerle fin a la normalización de la violencia que el país ha padecido desde 2006, cuando comenzó la guerra contra las drogas. Al repostear “Quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semillas” una y otra vez en las redes sociales, lxs manifestantes materializaron el nosotrxs de la oración. El colectivo pulsante, corporizado digitalmente, complementó, extendió y expandió el nosotrxs expresado en las concentraciones y marchas callejeras. La metáfora de la semilla rebelde persistió de forma vibrante, anunciando y creando simbólicamente terrenos fértiles para la revolución.

Aunque normalmente no consideramos los posteos en redes digitales como performance, ya que consisten principalmente en texto e imágenes y carecen de un marco temporal y espacial definido, investigadoras como Zizi Papacharissi, Wendy Hui Kyong Chun, Lisa Kember, Joanna Zylinska y otras han demostrado convincentemente que las plataformas de redes sociales y la cultura de nuevos medios son sitios de autopresentación, transmisión y sintonización afectivas.16 Las campañas y discusiones en internet no son performances en sí, pero pueden ser abordadas como tales con el fin de entender el uso de las redes sociales como un modo de comportamiento expresivo y transformador (performativo).

“Quisieron enterrarnos, pero no sabían que éramos semillas”: en pocas palabras, esta frase captura el núcleo de este libro. Aquí desarrollo un mapa constelativo de performances de protesta en plataformas múltiples que albergan tácticas colectivas en contra de sistemas basados en lo individual, lo desechable y la exclusión. Sostengo que, más allá de su asociación con un aquí y ahora efímero, la performance y la comunicación en redes son recursos cruciales que dan vida al cambio social como fenómeno episódico, acumulativo y translocal. Al rastrear cómo se entrelazan la movilización on y offline, impulsando movilizaciones locales y transnacionales, Activismos tecnopolíticos pretende ofrecer lentes críticas para analizar y evaluar modalidades expresivas y performativas de acción colectiva y así confrontar poderes hegemónicos transnacionales. De modo similar a la imagen de arborescencia usada por lxs activistas de Ayotzinapa, las constelaciones de performance definen el modo en que activistas y artistas coordinan acciones dentro y fuera de las redes para generar acontecimientos colectivos y perdurables. En cuanto figura de una colectividad dispersada, el concepto de constelaciones de performance se focaliza en el modo en que, en las culturas conectadas, la performance se desplaza y se convierte en un modo de acción concertada que integra acciones a través de tiempos y lugares dispares. Las constelaciones de performance iluminan el rol de las performances situadas como medios para producir colectividad a partir de la fragmentación temporal y espacial, de modo similar a como las constelaciones les dan forma a grupos de estrellas que existen en diferentes tiempos y a grandes distancias.

Esto es lo que está en juego en Thriller por la educación, el flash mob de 2011 realizado por lxs estudiantes chilenxs como parte de su movilización por la educación pública, gratuita y de calidad. Dentro de los esfuerzos por redefinir la educación como un bien social más que como una inversión personal, sincronizaron un baile zombi para simbolizar la descomposición irreparable a la que lleva la desinversión en educación por parte del Estado y el costo generacional de la acumulación de las deudas estudiantiles. Antes, durante y después de este evento que se dio en varias ciudades, lxs estudiantes ocuparon el espacio virtual con fotos y videos. A través de estos se presentaron como un grupo decidido a terminar con la continuidad de las políticas neoliberales de la era pinochetista en el Chile ahora democrático.17 De un modo que, siguiendo las palabras de Verónica Gago, podríamos describir como parte del “neoliberalismo barroco” –esto es, como formas de hacer, ser y pensar que reflejan los cálculos y afectos del neoliberalismo–, lxs estudiantes utilizaron plataformas de autoperformance como las redes sociales para poner de manifiesto los efectos de un sistema que lxs había tratado como emprendedores de su futuro.18 El entrelazamiento de la actividad dentro y fuera de las redes sociales en constelaciones de performance expandió considerablemente el efecto del flash mob Thriller…, lo que les permitió a lxs estudiantes capitalizar la repercusión del evento, interpelando a aquellxs que no participaban en las protestas callejeras. Los ecos online del flash mob les permitieron impugnar la acumulación de deuda a través de la acumulación de movimientos disidentes en plataformas físicas y digitales.

Esta diseminación de las protestas callejeras en las redes es una parte integral de los esfuerzos actuales para sostener la participación cívica por fuera de las asambleas presenciales. Sostengo esta centralidad en conjunto con teóricxs de la tecnopolítica como Javier Toret y Rossana Reguillo. Los actos de disenso convocantes, como los cacerolazos ocurridos en Argentina durante la crisis económica del 2001 y el flash mob Thriller por la educación que acabo de describir, ejemplifican cómo la protesta online no solamente expande la movilización callejera sino que la configura. Esta perspectiva que pone en primer plano la sinergia entre protesta callejera y protesta en redes se opone a las afirmaciones de Paolo Gerbaudo y otrxs, que definen el rol de las redes sociales como meros catalizadores de las asambleas cara a cara.19 Aunque concuerdo con la expansión que Gerbaudo hace del concepto de “coreografía” de Susan Leigh Foster para caracterizar el uso táctico del cuerpo en las protestas contemporáneas, sí cuestiono su argumento de que la movilización online es meramente un apoyo para la asamblea callejera.20 Al poner en relación sinérgica la movilización dentro y fuera de las redes, muestro el modo en que las herramientas de comunicación que funcionan en red facilitan, aumentan y sostienen la radicalidad corporalizada que caracteriza a la protesta contemporánea. La estrecha relación que se da entre dos medios aparentemente dispares –el cuerpo y las redes digitales– les permite a activistas y artistas configurar formas sofisticadas de colectividad corporalizada, tales como las sentadas o enjambres virtuales (swarms) y las mareas verdes feministas. Mediante estos ensamblajes, lxs activistas enfrentan los mecanismos neoliberales de individualización, subjetivación y transferencias transnacionales. Mis ejemplos demuestran esta relación sinérgica que surge en respuesta a las historias de gobernanza y gubernamentalidad neoliberal que se dieron en el hemisferio occidental, de lo que me ocupo a continuación.

NEOLIBERALISMO: UNA “MANO INVISIBLE” MOLDEANDO EL ALMA

“La economía es el método. El objetivo es cambiar el alma”. La famosa declaración de Margaret Thatcher de 1981 refleja el alcance del capitalismo neoliberal como doctrina política económica y como una forma de modulación subjetiva; es decir, tanto un sistema de gobernanza vertical como de gubernamentalidad autodirigida. Esta frase de Thatcher –una figura política que, junto con Ronald Reagan y Augusto Pinochet, se convirtió en uno de los íconos mundiales del neoliberalismo– nos introduce en el neoliberalismo del siglo XX como actualización del liberalismo del siglo XVIII.21

El liberalismo del siglo XVIII, una doctrina política, económica y social, abrazó la dignidad humana y la libertad individual como valores supremos, presuntamente garantizados por el mercado más que por el Estado.22 Dentro del pensamiento liberal, el Estado y cualquier forma de esfuerzo colectivo eran vistos como amenazas a la libertad individual. Esta filosofía política se centró en la idea de que lxs humanxs se desempeñan mejor si son libres de ejercitar sus tendencias y habilidades emprendedoras sin la interferencia del Estado y en un ambiente que defiende los derechos a la propiedad, el libre comercio y el libre mercado.23

La metáfora de la “mano invisible del mercado” desarrollada por Adam Smith en La riqueza de las naciones ilustra el rol central que juega el mercado y el interés propio en el liberalismo clásico.24 Smith usa la mano invisible para representar un proceso orgánico; su teoría establece que el equilibrio entre el interés personal y la ganancia social es alcanzable a través de las transacciones de mercado, libres de intervención del Estado. Estas ideas son un síntoma de la transición de formas de gobernanza soberanas a formas liberales y la concomitante asociación entre libertad económica y política.

Aunque los sectores conservadores generalmente alaban el neoliberalismo como economía política que minimiza la intervención estatal en favor de la producción y el comercio empresarial, esto está lejos de la realidad. La mano invisible está en efecto unida a cuerpos y poderes muy concretos. En lugar de reducir su intervención en el comercio, los Estados liberales del siglo XX se transformaron en jugadores cruciales en el proceso de acumulación de riqueza impulsado por las políticas de libre mercado y desregulación financiera, privatización de empresas estatales, flexibilización laboral y reducción de programas sociales.

En Estados Unidos, el neoliberalismo fue implantado como una reacción a las políticas del estado de bienestar del período comprendido entre 1930 y 1960.25 Como respuesta a los desafíos a la economía estadounidense que suponían la competencia internacional y la caída de la tasa de ganancia en la década de 1960, la neoliberalización de la economía buscó restituirles el poder a las elites. Lisa Duggan define el neoliberalismo de Estados Unidos como “activismo proempresas”.26 De acuerdo con Duggan, esta política económica dependía de un proyecto político y cultural que creaba tolerancia a la creciente inequidad social y apoyo a la redistribución ascendente de la riqueza. El fomento de la “economía del derrame”, sostenido por Ronald Reagan al abogar por el recorte de impuestos sobre los ingresos y las ganancias de capital (cuyos beneficios supuestamente alcanzarían también a los sectores menos pudientes de la sociedad), reproduce la teoría de Smith de la mano invisible como mecanismo de equilibrio económico. Sin embargo, lo que estas teorías hicieron en realidad fue promover los intereses de las elites, responsabilizando a lxs menos favorecidxs de las carencias que padecen.

Como veremos más adelante, los regímenes neoliberales favorecen al capital nacional y transnacional trabajando en tándem con redes financieras, instituciones de préstamo internacional y corporaciones multinacionales para asegurar los recursos legales y represivos necesarios para salvaguardar intereses comerciales específicos. Los Estados neoliberales refuerzan los derechos de propiedad, crean nuevas condiciones de mercado, privatizando sectores como la educación, la salud y la seguridad y desregulan la actividad comercial, lo que permite el ingreso de importaciones baratas que dominan los mercados nacionales y locales.27

Así es cómo el neoliberalismo, concebido originalmente como una teoría económica, se convirtió en un proceso que les da forma tanto al comercio transnacional como a los modos de gobernanza, es decir, a cuestiones de Estado. Una teoría de la economía política neoliberal se convirtió de este modo en un proceso de neoliberalización que se consolida en el Estado neoliberal del siglo XX. Bajo la apariencia de orden (ajuste fiscal), el Estado neoliberal ostensiblemente reduce la asistencia social mientras que maximiza su rol como fuerza represiva para desalentar, contener o aplastar el disenso de quienes resisten la segregación, la explotación y el desplazamiento social.

Debido a que en los contextos analizados en este libro el neoliberalismo ha sido implementado por regímenes autoritarios y también democráticos, países como Chile, Argentina y México se destacan como lugares clave para el estudio de las formas y mutaciones neoliberales, y de las resultantes reacciones populares a estas.28 En Chile, los orígenes del neoliberalismo datan de la dictadura de Augusto Pinochet y su equipo de economistas formados en Estados Unidos. Los Chicago Boys, discípulos de Milton Friedman y Arnold Harberger, recibieron su formación en la Universidad de Chicago en la década de 1950, dentro de un programa de la época de la Guerra Fría. Antes de que célebres figuras neoliberales como Margaret Thatcher y Ronald Reagan entraran a la escena del Estado neoliberal, los Chicago Boys colaboraron con Augusto Pinochet para desarrollar un programa que le dio a Chile estabilidad económica sostenida a la vez que acrecentó la desigualdad social.

Pinochet llegó al poder en 1973 tras un violento golpe de Estado apoyado por Estados Unidos en contra del gobierno socialista de Salvador Allende, un médico y político marxista elegido democráticamente en 1970.29 Por consiguiente, la primera implementación del neoliberalismo como una economía política de Estado más que como una filosofía de economía política tuvo lugar bajo un gobierno militar. Se inauguró así una serie de golpes de Estado neoliberales, como los de Argentina y Bolivia, que emplearon lo que Naomi Klein llama “la doctrina de shock” para activar la economía a la vez que se desactivaba la oposición popular a través de la represión y el trauma.30

Para caracterizar la fundación del neoliberalismo en Argentina, Verónica Gago usa la imagen de las celdas de detención ubicadas en la sede del Banco Nación junto a una mesa de operaciones bursátiles clandestina.31 Esto muestra la profunda implicación que se dio entre el Estado militar y las redes financieras internacionales durante el período comprendido entre 1976 y 1983, que actualmente se define como una dictadura cívico-militar. En Argentina, el poder militar no solo fue usado para perseguir y eliminar a opositorxs políticxs –desde líderes sindicales a trabajadorxs sociales y maestrxs–; también contribuyó al enriquecimiento de las elites a través de instrumentos legales, como la Ley de Entidades Financieras de 1977, que les permitió aumentar sus ganancias. Como veremos en el capítulo 2, en Argentina el proceso de liberalización de la economía iniciado en los setenta a través de un gobierno autoritario se intensificó en los noventa bajo un gobierno democrático que cedió la toma de decisiones soberanas a instituciones como el Fondo Monetario Internacional (FMI) por medio de la generación de deudas gigantescas.

Aunque, a diferencia de Chile y Argentina, en México los militares no tomaron el poder, la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional, que gobernó desde 1929 hasta el 2000, convirtió la idea de la democracia mexicana en una simulación, como declaró el subcomandante Marcos durante la insurgencia zapatista a mediados de los noventa.32 Aun así, hasta finales de los ochenta México implementó políticas estatistas y nacionalistas. Esto se revirtió con la llegada de Carlos Salinas de Gortari a la presidencia en 1988, quien implementó una serie de reformas influenciadas por los deseos del mercado (incluyendo el NAFTA) con la promesa de que esto le daría a México estatus de Primer Mundo. Salinas privatizó 252 compañías estatales y redujo los subsidios. Este modelo económico tuvo un efecto desastroso en las economías y modos de vida campesinos y también causó la profundización de la desigualdad social, desplazando a comunidades campesinas de sus tierras y poniendo a poblaciones marginadas, como las mujeres pobres, en condiciones de vulnerabilidad extrema, algo evidenciado en la actual crisis de femicidios que atraviesa ese país.33

“Ya basta… Somos el producto de quinientos años de lucha”, manifestó el movimiento zapatista en 1994 cuando se rebeló contra el NAFTA como una nueva instancia de violencia colonial. Lxs estudiantes chilenxs pusieron en escena un gesto similar en 2011, cuando bailaron como zombis para dramatizar los efectos del sistema de educación pinochetista en sus vidas, vinculando así los préstamos predatorios actuales con la violencia autoritaria. De manera similar, en Argentina, la consigna de Ni Una Menos –“Contra nuestros cuerpos nunca más”– ubicó la actual guerra contra las mujeres como parte de un linaje de violencia patrocinada por el Estado en contra de quienes que se resisten a la explotación.

La insurgencia zapatista en 1994, las protestas sociales pos-2001 en Argentina, los flash mobs y performances participativas de protesta durante el “invierno chileno” de 2011, la movilización internacional de 2014 por los cuarenta y tres de Ayotzinapa y el movimiento feminista argentino contra la violencia de género que surgió en 2015, todos articularon performances corporales y acciones conectadas digitalmente para producir y sostener la aparición pública de quienes sufrieron los embates del capitalismo neoliberal a lo largo de diferentes contextos e historias. Estos movimientos ejemplifican una política de presencia corporizada que se crea uniendo modos de acción colectiva en y fuera de internet. A medida que el capitalismo se vuelve cada vez más especulativo y deshumanizante, los actos expresivos de plataformas múltiples que movilizan la aparición de cuerpos políticamente excluidos –y a veces desaparecidos físicamente– se vuelven materializaciones cruciales del poder colectivo a la vez que tácticas que resisten la subjetivación neoliberal.34

Las performances on y offline configuran espacios de aparición en los que, como sostiene Hannah Arendt: “Yo aparezco ante otros como otros aparecen ante mí, allí donde los hombres (sic) no existen meramente como las otras cosas vivas o inanimadas, sino que hacen su aparición de manera explícita”.35 Al abrir espacios de aparición que conectan historias y geografías de opresión, las acciones corporizadas transmediales mapeadas en este libro perturban “la tolerancia a la desigualdad creciente y el apoyo a la redistribución ascendente de la riqueza”.36 Así, se abren horizontes revolucionarios a través de performances que unen espacios públicos y privados, el discurso y la corporización, el presente y la historia.37 Así es como nos movemos de performances de protesta callejera a constelaciones de performance que habilitan a aquellxs cuya existencia se ha vuelto precaria por “el racismo y las formas de abandono calculado” a manifestar “el derecho de ser reconocidos”.38 La performance entendida como un comportamiento expresivo que contribuye tanto a sedimentar como a cuestionar el comportamiento social es una herramienta fundamental en las formaciones de desobediencia colectiva bajo condiciones neoliberales.

942,70 ₽

Начислим

+28

Покупайте книги и получайте бонусы в Литрес, Читай-городе и Буквоеде.

Участвовать в бонусной программе
Возрастное ограничение:
0+
Объем:
342 стр. 21 иллюстрация
ISBN:
9789877122176
Издатель:
Правообладатель:
Bookwire
Формат скачивания:
Текст, доступен аудиоформат
Средний рейтинг 4,7 на основе 259 оценок
Аудио
Средний рейтинг 4,2 на основе 737 оценок
Текст, доступен аудиоформат
Средний рейтинг 4,9 на основе 62 оценок
Аудио
Средний рейтинг 4,6 на основе 877 оценок
Аудио
Средний рейтинг 4,7 на основе 1726 оценок
Текст
Средний рейтинг 4,9 на основе 2625 оценок
Аудио
Средний рейтинг 4,8 на основе 73 оценок
Текст, доступен аудиоформат
Средний рейтинг 4,3 на основе 40 оценок
Текст
Средний рейтинг 0 на основе 0 оценок